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Temporada de Ópera 2019

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Ópera Pagliacci 

En el mundo de la ópera hay una corriente que surgió a finales del siglo XIX y que abarcó hasta principios del siglo XX llamado verismo cuya característica, por encima de todo, era el retrato de la vida cotidiana, incluyendo momentos extremos, y la búsqueda fiel de la realidad. I Pagliacci es un perfecto ejemplo de este estilo, fue un éxito instantáneo, desde el día de su estreno el 21 de mayo 1892, y sigue siendo popular hasta hoy.

El Teatro Regional de Rancagua, pretende resaltar estas virtudes de la ópera, el realismo en la actuación sin los “acartonamientos” acostumbrados en los montajes liricos: ejemplo de ello será la sensual escena de Nedda y Silvio y las brutales escenas del femicidio y homicidios al final de la obra. Incluiremos momentos de arte circense, ilusionismo y prestidigitación. 

También la trasladaremos de épocaylugar: Sewellen los años 40. Nada en la trama lo hace contradictorio hacerlo así, nos parece un lugar patrimonial muy interesante de mostrar y además acerca la obra a nuestra realidad. Junto con estructuras que representen la accidentada geografía del pueblo. 

Pagliacci | Director de Escena: Rodrigo Navarrete 

Director Musical: Eduardo Diaz Escenografía: Marianela Camaño 

Vestuario: Loreto Monsalve Iluminación: Ricardo Castro 

Canio: José Azócar Nedda: Marcela González Tonio: Ricardo Seguel 

Beppe: David Rojas Silvio: Eleomar Cuello 

Coproducción con Teatro Municipal de Santiago

 

10 & 11 MAYO 

Ópera La Cenicienta 

  

La versión del mito básico de la virtud recompensada toma en manos de Rossini una vida refrescante, principalmente porque combina los elementos esenciales del cuento para usarlos libremente como motor de una ópera autónoma, como un acto pop de apropiación. La comedia rossiniana, con sus elementos distintivos (números de lucimiento solísticos, cambios de identidad, ensambles brillantes, villanos ridículos y situaciones exasperantes) utiliza la fábula como una excusa: la opera como elemento teatral existe en sí misma, es autónoma. 

El cuento de Perrault sirve simplemente para permitir que los elementos constitutivos se superpongan unos a otros en un fluir constante y fácilmente reconocible. Debemos estar advertidos, ante todo, que la adaptación en si no es fiel a la versión de Perrault (la de los hermanos Grimm, 5 años anterior a la versión de Rossini, es aún mucho más cruenta, y recoge otras tradiciones folklóricas); sino que adapta el cuento en su idea general, esto es, la historia de una protagonista virtuosa que triunfa por su bondad en una familia decadente y corrupta, a los cánones de la ópera buffa de comienzos del siglo XIX. Ahora, para que esta adaptación funcione, Rossini debe traducir a su propia comicidad los elementos más oscuros de la fábula, ya que la virtud como tal no produce el efecto “cómico” alguno. Esto genera una nueva proporción en la obra, totalmente inexistente en el original: el mundo de Don Magnifico y sus monstruosas hijas se potencia, creciendo en presencia y en importancia. A esto se suma también el travestimento del príncipe y su valet, típico “imbroglio” operistico y que genera comicidad por equivoco.

La misma figura del príncipe no está exenta de ridiculez, obviamente atrapado en su propio cambio de identidad. Por otro lado, los elementos sexuales del cuento de hadas (no olvidemos que este cuento se basa, a su vez, en fuentes antiquísimas, remontándose

al antiguo Egipto y a China, donde el pequeño tamaño del pie de una mujer era un símbolo de belleza sexual) dejan paso a un mundo característicamente mediterráneo: podríamos seguir la línea de pensamiento de Rossini y cruzar esta opera con cualquiera de nuestros propios iconos culturales contemporáneos sea una telenovela centroamericana, un reality show donde muchas novias compiten para casarse con el mismo príncipe, cualquier “extreme make-over” que nos prometa soluciones mágicas a nuestra mediocre existencia, comedias estudiantiles, etc… Es con este fondo que se debe destacar a la virtud: el aspecto mezquino, desgraciado y ridículo del mundo llevado a su horror vacui le hace de marco. El hogar de Cenicienta es el infierno que comparte con su padrastro y sus hermanastras, un lugar en que nadie es feliz, o mejor, un lugar donde se aglomeran las infelicidades de todos los miembros de la familia. Como bien dice Tolstoi en su Anna Karenina: “Todas las familias felices se parecen, pero cada familia es infeliz a su modo”. Una nota aparte merece también nuestro acercamiento desde lo escenográfico: nuestra puesta aquí juega con los elementos de un mundo reconocible, próximo y decadente, contrastado con un palacio anónimo, ideal, abstracto. La vida en el hogar de cenicienta contrasta entre un pasado inexistente de gloria y un presente de desgracia ridículamente negado. Por otro lado, El Palacio, ese mundo al que se desea acceder, es el lugar donde nuestros deseos pueden proyectarse, porque carece de cualquier tipo de identidad.

La Cenicienta | 30 y 31 de agosto Director de Escena: Pablo Maritano Director Musical: Eduardo Díaz 

Escenografía, Vestuario e Iluminación : Patricio Pérez 

Angelina: Guadalupe Paz (México, Teatro de Bellas Artes) Don Ramiro: Alexis Sánchez 

Dandini: Eleomar Cuello Don Magnifico: Sergio Gallardo 

Alidoro: Ricardo Seguel Clorinda: Patricia Cifuentes 

Coproducción con Teatro dell Opera di Roma 

 

30 & 31 AGOSTO

Ballet El Cascanueces

ACTOI Es la noche víspera de Navidad. La familia Stahlbaum recibe en su casa a amigos y familiares. Clara y Franz, hijos de los dueños de casa, juegan con sus amigos. De pronto aparece el tío Drosselmeyer, quien realiza trucos de magia. También trae regalos, unos muñecos que bailan. Pero el más importante es un Cascanueces para Clara. 

Enojado y celoso, Franz lo rompe, pero Drosselmeyer lo repara. Continúa la fiesta hasta que se hace tarde y los invitados regresan a sus casas. El reloj da 12 campanadas y Clarita busca su Cascanueces, que había olvidado en el sillón. Se queda dormida junto a él y sueña con los acontecimientos de esa noche. De pronto aparecen ratones que son combatidos por soldados. El Rey de los Ratones pelea con el Cascanueces que cobró vida. Finalizada la pelea, el Cascanueces se transforma en Príncipe y lleva a Clara conocer otros mundos. En primer lugar, la lleva al mágico Reino de las Nieves.

ACTO II El Príncipe Cascanueces lleva a Clara al Reino de los Confites, donde la recibirán el Hada y el Príncipe de los Confites para presentarle danzas en su honor. Diversos personajes aparecen y bailan para ella. Al despertarse, Clara se da cuenta de que todo fue sólo un hermoso sueño.

Dirección y Coreografía: Sara Nieto Producción Ejecutiva: Irene González Peña 

Diseño de Vestuario y Escenografía: Germán Droghetti Asistente de Dirección: Jacqueline Cortés Diseño de Iluminación: Peter Sandoval Con música de Piotr Ilich Tchaikovsky 

Elenco: 30 bailarines 

Coproducción con Teatro Nescafé de las Artes

 

6 & 7 DICIEMBRE

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